La vivienda no se va de vacaciones

En agosto parece que todo se detiene. Las agendas se vacían, las decisiones se aplazan y muchos asuntos quedan pendientes para septiembre. Pero algunos problemas no se toman vacaciones.

La vivienda es uno de ellos.

España es el país europeo donde más ha caído la tasa de emancipación juvenil desde 2016. En menos de una década, la proporción de jóvenes de entre 18 y 34 años que viven de forma independiente y sin apoyo económico familiar ha pasado del 41% al 31%. Hoy, prácticamente siete de cada diez jóvenes dependen de su familia o continúan viviendo con sus padres.

El dato refleja una realidad que va mucho más allá de los jóvenes. Seguimos teniendo dificultades para ofrecer soluciones de acceso a la vivienda adaptadas a las distintas etapas y necesidades de las personas: compra, alquiler, vivienda temporal, vivienda asequible o nuevas fórmulas de uso.

Y mientras la demanda continúa creciendo, seguimos sin ser capaces de generar suficiente oferta ni de articular marcos normativos ágiles que permitan desarrollar estas alternativas.

Llegará septiembre y volverán los debates, las propuestas y las nuevas regulaciones.

Pero la dificultad para acceder a una vivienda no se ha ido de vacaciones.

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